Cortesía foto: CHIA´s Dance Party
Sentada y pensativa, escuchaba los sonidos de algunos instrumentos como el saxofón, la tuba, la flauta, la batería y el bombardino . Al unísono formaban la mezcla perfecta, sentía la esencia y tranquilidad del jazz, pero al mismo tiempo la alegría y el sabor de los ritmos colombianos. Por un momento me sentí en Baranquilla o Cartagena, lugares representativos de la cumbia, el porro y el fandango.
Veía a mi alrededor y miles de personas miraban fijamente hacia la tarima que se encontraba a unos cuántos metros de mí. Entre aplausos y gestos de satisfacción, niños, jóvenes y ancianos, movían sus caderas de lado a lado al ritmo de la música.
El saxofón , como alguna vez lo dijo el compositor francés Héctor Berlioz, “sonaba tan dulce como un ángel” y con un sonido especial, pareciera que tuviera una voz personal y nos quisiera contar algo.
El hombre que lo tocaba, tenía características similares a las de este instrumento, cónico y delgado, encorvaba su cuerpo, y con el formaba una especie de dos mientras interpretaba cada canción. Cerraba sus ojos y los movimientos de sus manos, que mecánicamente se movían, daban como resultado composiciones exquisitas y extraordinarias.
Al terminar la primera canción, la voz cálida y entusiasta de uno de los integrantes del grupo, se hizo presente. Martín, como se dijo llamar, con una sonrisa enorme y una energía deslumbrante, decía estar feliz de volver a su tierra. Tenía puesta una camisa verde con flores, igualita a la que usan los hombres al estar en la playa o en fiestas playeras en el Caribe.
En un abrir y cerrar de ojos, se sentó y cogió sus dos baquetas. Con movimientos fuertes y contundentes, la pasión se evidenciaba en las vibraciones de las panderetas, el cencerro y los bloques de madera de su batería. En determinados momentos cogía el micrófono que estaba a su lado derecho y decía “que alegría estar tocando con ustedes!”, la emoción no podía ser tan evidente.
Me paré y camine unos pasos para llegar al frente de la tarima, note que todos los integrantes, excepto Martín, tenían facciones muy exóticas y atractivas. En ese momento recordé que uno de los asistentes de Jazz al Parque, me había dicho que un grupo de extranjeros se iba a presentar ese día y que la afición y vehemencia con la que tocaban sus instrumentos era impresionante.
Me fije en los ojos del músico que tocaba la tuba, como un reloj antiguo, se meneaban de izquierda a derecha, parecía que bailaban según la armoniosa combinación y sucesión de sonidos de cada composición.
Cuando unía sus labios con el instrumento, la conexión se veía instantáneamente, era un verdadero deleite verlo tocar.
Al lado de el se encontraban los intérpretes de la flauta y el bombardino. Los dos movían sus cuerpos al mismo tiempo. De manera peculiar intentaban seguir los compases de la música y mirándose entre sí coordinaban sus pasos.
Con CHIA´s Dance Party en el Festival de Jazz al Parque 2011
Canción: "La Piña"

Describes, eres detallista, aún no logras contar una historia, ese un recuento de hechos, pero vas bien en el proceso.
ResponderEliminarCuando hablas de una “manera peculiar” no eres nada clara porque eso puede tener muchas interpretaciones. Al final le hace falta fuerza pero en general haces un buen ejercicio.
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